
En toda Latinoamérica, se está produciendo un cambio profundo en la migración, pero poco reportado. Tras años de desplazarse hacia el norte, miles de personas ahora viajan hacia el sur, obligadas a lo que muchos describen como una “migración inversa”: se alejan de Estados Unidos y regresan a países de los que alguna vez huyeron. Esto no es voluntario, sino que se debe a políticas estadounidenses cada vez más restrictivas que han hecho casi imposible la solicitud de asilo u otras formas de entrada regular. A lo largo de las rutas, HIAS es una de las pocas organizaciones que aún brinda apoyo constante a las personas en movilidad humana.
Para muchas familias, la decisión de regresar ha sido desgarradora. Tatiana*, una joven madre, nunca imaginó que tendría que volver sobre sus pasos. Ella y su esposo abandonaron su país de origen con la esperanza de encontrar seguridad y estabilidad. Al llegar al sur de México, el cambio en las políticas estadounidenses detuvo abruptamente su viaje. Las autoridades les dijeron que no podían continuar hacia el norte y los abandonaron en Chiapas. Allí, Tatiana se enteró de que estaba embarazada. Su esposo no pudo encontrar trabajo. Sin salida, la familia regresó.
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Se encuentran entre las decenas de miles de personas en situaciones similares. Durante años, la migración en las Américas se movió principalmente en una sola dirección, huyendo de la violencia, la persecución y las crisis humanitarias. Sin embargo, después de que más de 520.000 personas cruzaran el Tapón del Darién en 2023, el movimiento hacia el norte a través de la selva se detuvo casi por completo en el primer semestre de 2025, con una disminución estimada del 97-98% en los cruces con respecto a los picos anteriores. Al mismo tiempo, el movimiento hacia el sur se disparó: para mediados de 2025, los gobiernos de Colombia, Panamá y Costa Rica informaron que más de 14.000 personas habían revertido su rumbo, incluyendo más de 5.000 que se dirigieron al sur a través de Panamá y más de 12.000 que ingresaron a Colombia desde Panamá.
Hoy en día, los cruces de norte a sur continúan, pero los equipos de HIAS informan que la escala fluctúa y ya no se acerca a los niveles máximos observados a mediados de 2025. Si bien la dirección del movimiento ha cambiado, el peligro no ha desaparecido y las necesidades de quienes emprenden el viaje siguen siendo grandes. Muchas familias se están desplazando hacia el sur, lejos de Estados Unidos, a través de algunos de los mismos corredores, a menudo con menos recursos y mucho menos apoyo. Los grupos criminales siguen controlando tramos clave de la ruta, exigiendo el pago del pasaje. Las personas se enfrentan a la escasez de alimentos, alojamientos inseguros, falta de agua potable y traumas sin tratar. Para las mujeres embarazadas, niños, niñas y las personas sobrevivientes de la violencia, los riesgos son especialmente graves.
Estas dificultades se ven agravadas por la retirada de la ayuda humanitaria en toda la región. Los recortes de financiación han obligado a muchas organizaciones a reducir su actividad o a abandonarla por completo, incluso a medida que aumentan las necesidades. HIAS también se ha visto afectado, pero nuestros equipos permanecen.
El regreso es muy diferente. Hay menos ayuda humanitaria y la soledad es más palpable. Cuando nos reunimos con HIAS, agradecí mucho que me preguntaran cómo estaba y qué podían hacer para ayudar.Tatiana*, una joven madre que hace el viaje inverso hacia el sur
En Colombia, las personas llegan agotadas, asustadas e inseguras sobre el futuro. Muchas son mujeres sobrevivientes del conflicto armado, a menudo con mayores preocupaciones de protección y acceso limitado a servicios especializados. Los equipos de HIAS Colombia las reciben en espacios seguros, ofreciendo intervenciones breves pero significativas centradas en la protección, la salud mental y la prevención de la violencia. Para muchas, ser escuchadas, a veces por primera vez en meses, es en sí mismo un salvavidas.
Tatiana y su familia llegaron a Capurganá, Colombia, donde contactaron con el personal de HIAS.
“El regreso es muy diferente. Hay menos ayuda humanitaria y la soledad es más palpable. Cuando nos reunimos con HIAS, agradecí mucho que me preguntaran cómo estaba y qué podían hacer para ayudar”, dijo. Ofrecieron ayuda, agua fresca y comida. “Esto significa mucho para nosotros; es reconfortante sentir ese apoyo en el camino. Agradecí enormemente la atención que me brindaron”, agregó.
El movimiento en el sur de Colombia también ha aumentado, con personas que ingresan al país desde Ecuador, Perú y Chile. En estas regiones, los equipos de HIAS están identificando necesidades urgentes, como alimentación, refugio seguro, orientación sobre documentación, servicios de protección y apoyo psicosocial, y están ampliando los servicios en consecuencia.
En Panamá, HIAS continúa operando en puntos de cruce críticos, ofreciendo servicios de protección, asistencia económica de emergencia y derivaciones médicas.
Los recientes naufragios y las dos personas que perdieron la vida ahogadas durante traslados marítimos en Puerto Obaldía, en la frontera entre Panamá y Colombia, han suscitado gran preocupación. En respuesta, las autoridades han reforzado los controles institucionales e impuesto nuevas restricciones operativas, lo que ralentiza el movimiento y reduce la previsibilidad para las personas que intentan continuar hacia el sur. Al mismo tiempo, un drástico aumento en el precio del ferry obliga a muchas familias a permanecer más tiempo en la zona mientras reúnen los recursos necesarios para viajar, lo que las expone a mayores riesgos de protección, como el hacinamiento, la explotación y el acceso limitado a alimentos y refugio seguro.

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Read MoreEl personal de HIAS Panamá prioriza la atención a sobrevivientes de violencia y brinda apoyo rápido de salud mental a quienes no pueden permanecer de forma segura en un lugar por mucho tiempo. También se proporcionan pequeñas cantidades de asistencia financiera, que a menudo tienen un impacto inmediato, cubriendo alimentación, alojamiento o transporte para familias en crisis.
Y en México, según informa el personal de HIAS, la situación es cada vez más grave. Los recientes cambios en las políticas estadounidenses, junto con la disminución de las vías de asilo y regularización en México, han dejado a muchas personas migrantes varadas. Las estancias prolongadas sin estatus regular exponen a las familias a la violencia, la explotación, la discriminación y el trabajo precario. Para algunos, el regreso se convierte en el último recurso, no porque sea seguro o deseado, sino porque no hay alternativas viables.
Marisol*, madre de tres hijos, pasó dos años lidiando con esta incertidumbre. Tras huir de su país, su familia esperó en Ciudad Juárez con la esperanza de solicitar asilo en Estados Unidos. Cuando esa vía se cerró, intentaron reconstruir sus vidas en México. La detención, los prolongados retrasos en el asilo, el desalojo y una agresión violenta los despojaron de la poca estabilidad que tenían. Regresar a casa, a pesar de los riesgos, se convirtió en la única opción que podían imaginar.
Sin embargo, incluso el regreso es demasiado inseguro o, de lo contrario, inalcanzable para muchas personas. Los limitados programas de retorno asistido, la falta de pasaportes y el alto costo del viaje dejan a las familias atrapadas. Algunos son abordados por contrabandistas que les ofrecen rutas peligrosas e irregulares de regreso al sur a precios que no pueden pagar.
Como lo expresó Marisol: “Nunca imaginé que estaríamos ahorrando dinero para pagar un viaje de regreso, pero se nos acabaron las opciones”.
Las historias que se desarrollan a lo largo de estas rutas pueden ya no ser noticia. Pero para quienes las viven, la crisis está lejos de terminar. Los recursos son escasos y, en toda la región, la brecha entre la necesidad y el apoyo disponible continúa ampliándose.
A medida que los patrones migratorios continúan cambiando, impulsados por políticas cada vez más restrictivas que han reducido la protección y cerrado las vías legales, HIAS permanece, adaptando nuestra respuesta y apoyando a las personas en movilidad humana. Incluso en momentos de retorno forzado y profunda incertidumbre, trabajamos para garantizar que la dignidad, la atención y la protección no estén fuera de su alcance.
*Se han cambiado los nombres para proteger la identidad de los entrevistados.